el gran sofá circular que hay bajo la cúpula. Siempre tiene unos magníficos centros de flores

ENCUENTRO 

Me encontraba saboreando una dulce copa de Calvados en La Cúpula del hotel Palace, mientras leía el suplemento del "Expasión" y me dejaba acompañar por las sensuales notas de "Moon River" al piano.

 Desde hace unos meses, me había convertido en fiel visitante a la hora del aperitivo, me gustaba disfrutar de ese momento, en ese agradable lugar; además había descubierto un filón de temas y personajes en los que inspirarme para luego dar vida en mis relatos; y efectivamente en esta ocasión creí haber descubierto un posible candidato.

 Estaba en la barra, semiapoyado en una de las banquetas, removiendo su Martini con aceituna; a priori no había nada en él que pudiera llamar mi atención; era  un tipo alto, moreno, de aspecto cuidado; se le adivinaba musculoso pero sin llegar a ser  un obseso del gimnasio y mientras le observaba, como si notara mi presencia, ladeó ligeramente la cabeza y nuestras miradas se cruzaron; fue una mirada cómplice como si nos conociéramos de toda la vida y algo se agitó en mi interior, algo que a pesar de ser ágil con las palabras no sabría describir adecuadamente. Sentí una mezcla de admiración, atracción, y me sorprendí deseando un inmediato encuentro sexual lleno de pasión.

Como si adivinara mis pensamientos, pagó su copa y se dirigió hacia mí sin retirar sus ojos de los míos, pero cuando pensé que pararía a saludarme, pasó detrás de mi butaca; le creí camino del hall y entonces una voz cálida se deslizó por mi oído y resbaló por mi cuello, y depositando la tarjeta de su habitación sobre la mesa me susurró: "te espero arriba".

 Cuando dejamos el hotel, Andrés desde Recepción, con una sonrisa pícara nos despidió: "espero que todo haya sido de su gusto, Sres. Castillo, y de nuevo verles en breve".

 M.B.